




Con la finalidad de conocer lo que los jóvenes viven y piensan en relación a este tema, el Instituto Coahuilense de la Mujer llevó a cabo el panel juvenil “Rostros y máscaras de la violencia en el noviazgo”.
Ocho panelistas y más de un centenar de alumnos de los CETIs 48 y 60, CBTIs 97 y 235, así como de la Universidad Valle de Santiago y la Normal Básica abordaron además los temas de sexualidad y equidad de género, moderados por el catedrático Arnoldo Hernández.
“Sabemos que la violencia se produce desde jóvenes, en el empujón, en el ‘no te juntes con ella’ o ‘no vayas’, el ‘solamente estás conmigo’; los celos, que es algo que las mujeres creemos que nos celan porque nos quieren, pero es una inseguridad y va provocando violencia… Entre los jóvenes se les hace muy fácil llevarse y eso es el inicio de la violencia”, expresó Cristina Rodríguez y Rodríguez, directora el Instituto Coahuilense de las Mujeres.
El tipo de violencia por el que con más frecuencia las mujeres llaman a la línea de ayuda 075, informó Rodríguez, es la psicológica. “Es la que no se nota, sin embargo, daña tu corazón cuando no te deja compartir, cuando no te deja vivir, no te deja salir la pareja”.
Es en los municipios más pequeños donde más se vive la violencia, tanto psicológica como física, agrega la funcionaria, “más la violencia física, donde el hombre ejerce golpes hacia la mujer; son municipios donde las mujeres creen que el hombre que les tocó es con el que tienen que vivir”.
De cualquier modo, el 75% de las llamadas que se reciben denuncian violencia psicológica, el 25% restante, violencia física. No porque los golpes no sucedan, reconoce Rodríguez, sino “porque las mujeres están en casa y no quieren denunciar lo que están viviendo en el hogar, hay muchas mujeres que llaman y dicen que una amiga les platicó que se cayó y que tiene el ojo morado… cuando en realidad son las mujeres que lo están viviendo”.
Mil 465 llamadas ha recibido hasta ahora la línea de la mujer.
La violencia doméstica: Un mal sobre el cual es difícil hablar:
¿Qué constituye violencia?
¿Es simplemente darle golpes a una persona? También la violencia psicología nos ha dado una nueva visión del ser humano y de sus necesidades psicológicas. Ahora sabemos que hay otro tipo de violencia que también hace daño a las personas: la violencia psicológica o verbal.
Destruir la autoestima de una persona sistemáticamente mediante críticas, desprecios, abandono o insultos; también son formas de violencia. No cabe duda de que a veces los golpes al espíritu son mucho más dañinos que los golpes al cuerpo y dejan heridas más profundas. Las víctimas de este tipo de violencia por lo general continúan sufriendo calladamente y por eso no reciben la ayuda que tanto necesitan. Una persona golpeada en su cuerpo puede mostrar las heridas y recibir ayuda. Sin embargo, la que es golpeada sistemáticamente en su psiquis, en su espíritu, no tiene heridas físicas que mostrar al mundo para poder pedir ayuda. Como este tipo de abuso o violencia doméstica ocurre mayormente en la privacidad del hogar, generalmente pasa desapercibido, a veces durante muchos años. Por añadidura, generalmente la violencia verbal o psicológica precede a la física.
Cuando a la mujer se le coacciona para que aborte (lo cual constituye violencia también contra una criatura inocente que no ha nacido), utilice peligrosos anticonceptivos y abortivos o se practique la dañina esterelización; todos estos también constituyen actos de violencia.
¿Por qué permanecen muchas mujeres en una relación abusiva?
Las víctimas del maltrato verbal muchas veces piensan que éste no es lo suficientemente grave como para tratar de hacer algo para impedirlo. Algunas temen que no les creerán si denuncian al abusador, pues a menudo éste goza de una buena imagen pública. Las que están siendo golpeadas tienen miedo a las represalias por parte del agresor ya que a menudo éste amenaza con matarla. Otras temen enfrentar la vida solas o simplemente no tienen los medios para hacerlo. A veces alguien que la víctima respeta le dice que debe permanecer en esa relación abusiva "por el bien de sus hijos". En el caso de la mujer del alcohólico o drogadicto, ella es una codependiente de su esposo o "compañero" y la codependencia es una enfermedad emocional que requiere tratamiento de un psicólogo o psiquiatra. Todas estas mujeres tienen en común una baja autoestima y una incapacidad para poner límites porque vienen arrastrando problemas emocionales desde su niñez. A menudo la raíz de la violencia doméstica tanto para las víctimas como para sus victimarios, es el vacío afectivo. O sea, la falta de amor y atención en su niñez.
En los hogares disfuncionales en los cuales un cónyuge maltrata al otro, es común el maltrato a los niños. Constituye violencia no sólo el darles fuertes golpes, sino también gritarles, menospreciarlos, castigarlos excesivamente o negarles la atención, la aceptación y el amor que son tan imprescindibles para su desarrollo emocional y social. También es un acto de violencia en el caso de los padres divorciados, el hablar mal del ex-cónyuge delante de los hijos o utilizarlos para hacerle daño al otro.
Lamentablemente, cuando una mujer está siendo víctima de cualquier tipo de violencia por parte de su esposo o "compañero", está tan enfrascada en defenderse que a menudo no puede darse cuenta del daño que también están sufriendo sus hijos. A veces permite hasta los maltratos físicos o verbales a éstos por parte del padre o padrastro, porque se siente incapaz de detenerlos ni siquiera en lo que respecta a sí misma.
Los casos de violencia doméstica o intrafamiliar abundan. Es algo que puede sucederle y en verdad a veces les sucede a personas que se consideran religiosas, porque se trata de una enfermedad psicológica que debe ser tratada.
Todos los que están involucrados en la violencia están enfermos y necesitan ayuda
Hasta que no se conozcan los hechos, ninguno de ellos la recibirá. No se les hace ningún favor a los miembros de una familia que está en estas circunstancias al ayudarle a mantener este horrible secreto. Se les debe motivar a obtener ayuda de un sacerdote o pastor y/o un psicólogo.
El continuar permitiendo este tipo de abuso tiene graves consecuencias sobre todo para los niños, muchas de las cuales sólo se manifestarán pasados muchos años. A veces los niños se convierten en victimarios y las niñas en víctimas igual que su mamá. Los niños que crecen en hogares violentos tienen una gran probabilidad de ser criminales en el futuro.
Muchas mujeres han intentado de diversas maneras evitar las situaciones de violencia, ya sea modificando conductas propias, a través de separaciones temporales, recurriendo a distintos profesionales e inclusive a los sistemas de seguridad y justicia, sin lograr cambios. Sumemos la presión social fundada en mitos como "algo habrá hecho", "la mujer buena tiene que sacrificarse por la familia", "los celos son una manifestación de amor" y tendremos a una mujer muy confundida, convencida de que nada de lo que haga podrá modificar la situación.
Recuerde que la violencia familiar es un proceso cíclico y que, a medida que pasa el tiempo, los ciclos de tranquilidad se reducen en duración, en tanto los episodios van aumentando en intensidad y frecuencia. La duración de este ciclo, que pocas veces es percibido por la víctima, es un indicador valioso.
También es importante tener en cuenta factores circunstanciales o permanentes, que tiendan a aumentar los niveles de stress del abusador y/o a reducir sus umbrales de inhibición (falta de trabajo, problemas de adicción, salud, etc.)
Mitos acerca de la Violencia Intrafamiliar
El problema de la violencia familiar está muy exagerado.
El maltrato es la causa más común de lesiones o daño en la mujer, más aún que los accidentes automovilísticos, violaciones o robos combinados. Las secuelas de la violencia doméstica producen altísimos costos al estado y a la sociedad en general. La violencia física es la causa de un cuarto de todos los intentos de suicidio realizados por la mujer. El 50% de los hogares padece de alguna forma de violencia. Debido a la proyección estadística de la violencia Intrafamiliar se irá incrementando con el paso del tiempo si no hacemos algo para detenerla.
Hombres y mujeres han peleado siempre; es natural.
En cada familia o relación existen conflictos ocasionales o más o menos permanentes, pero no hay necesidad de resolverlos mediante la violencia. El maltrato es un crimen de abuso, poder y control. El golpeador habitualmente piensa que tiene el derecho de controlar a su pareja y/o niños por cualquier medio, aún a través de los golpes. La violencia no es una manera aceptable ni justificable para solucionar problemas, aún cuando sólo sea ocasionalmente.
La violencia intrafamiliar es un problema de las clases sociales bajas y de las poblaciones marginales.
La violencia intrafamiliar se produce en todas las clases sociales, sin distinción de factores sociales, raciales, económicos, educativos o religiosos. Las mujeres maltratadas de menores recursos económicos son más visibles debido a que buscan ayuda en las entidades estatales y figuran en las estadísticas. Suelen tener menores inhibiciones para hablar de este problema, al que consideran "normal". Las mujeres con mayores recursos buscan apoyo en el ámbito privado y no figuran en las estadísticas. Cuanto mayor es el nivel social y educativo de la víctima, sus dificultades para develar el problema son mayores, por diversas razones. Sin embargo, debemos tener en cuenta que la carencia de recursos económicos y educativos son un factor de riesgo, ya que implican un mayor aislamiento social.
El maltrato generalmente se produce una sola vez.. Debería ser un asunto familiar privado, no un crimen.
El incidente de maltrato rara vez es un hecho aislado. En realidad el maltrato generalmente se produce como una escalada en frecuencia e intensidad, con el agravante de tener un comienzo insidioso (la víctima no lo nota al principio). La incidencia posterior de la violencia es menor cuando el golpeador es denunciado o arrestado, que cuando la policía separa a las partes o actúa como mediadora. Las mujeres maltratadas se merecen la protección que, además, es su derecho, del sistema judicial y policial y necesitan de los recursos que la comunidad puede brindar. La mayor parte de las mujeres que consulta lo hace después de haber padecido un promedio de 7 años de violencia doméstica.
Si la mujer maltratada realmente quisiera, podría dejar a su abusador.
Muchas mujeres dejan a sus parejas. Muchas mujeres que se divorcian por abuso eligen no hablar de la violencia. Sin embargo existen razones sociales, económicas, culturales, religiosas, legales y/o financieras que mantienen a las mujeres dentro de la relación. El miedo es otra de las razones que las hace permanecer en sus hogares. Los peores episodios de violencia suceden cuando intentan abandonar a su pareja. Los golpeadores tratan de evitar que las mujeres se vayan a través de amenazas de lastimarlas o matarlas, de lastimar o matar a sus hijos, de matarse ellos o de quedarse con la tenencia de los chicos.
Las actitudes sociales, tales como la creencia de que el éxito del matrimonio es responsabilidad de la mujer y que las mujeres lastiman a sus hijos si los privan de su padre, sin importar cómo actúe él, mantienen a muchas mujeres dentro de la relación violenta. Además, las mujeres con chicos que abandonan el hogar tienen el 50% de posibilidades de verse económicamente perjudicadas y terminar viviendo por debajo de niveles de pobreza.
No existe la violación conyugal.
Por lo menos una quinta parte de las mujeres maltratadas son forzadas a mantener relaciones sexuales durante el episodio de violencia o inmediatamente después. De la misma manera son forzadas a realizar actos sexuales indeseados.
El embarazo detendrá la violencia.
Frecuentemente hay un aumento de la violencia durante el embarazo y muchas veces el primer episodio de violencia física se produce durante el embarazo. Generalmente los golpes se dirigen especialmente al vientre de la mujer, produciéndole un aborto o complicaciones en el embarazo.
Muchas jóvenes inician una relación con un hombre violento al quedar embarazadas.
Los chicos no se dan cuenta de que su madre es golpeada, por lo cual no son afectados.
Al menos en la mitad de los hogares en los que la madre es maltratada, también lo son los niños. También pueden ser lastimados por la violencia en contra de su madre, a través de objetos voladores, o mientras están en sus brazos. Aún cuando los niños sólo sean testigos de la violencia contra la madre, las consecuencias para su salud y su supervivencia son graves. Frecuentemente son ellos quienes instan a la madre a abandonar la relación violenta o quienes se interponen entre los padres para proteger a la madre.
Los varones tienen más posibilidades de convertirse en violentos cuando crecen. Las niñas aprenden que la sociedad acepta la violencia hacia las mujeres.
Los niños que viven en hogares violentos se sienten asustados y confundidos. Están en un alto riesgo de experimentar problemas de conducta, aprendizaje, problemas físicos relacionados con el stress y problemas de adicción. Los niños aprenden mientras observan y ven que la violencia funciona (se consigue lo que se busca) especialmente si se utiliza contra alguien menos poderoso. Aprenden que está bien solucionar problemas y controlar a los demás mediante la violencia, especialmente cuando no hay ninguna intervención que frene la violencia.
Las mujeres maltratadas son masoquistas y locas, provocan y disfrutan del maltrato.
Las mujeres no provocan ni merecen el maltrato. Merecen una vida libre de violencia. De la misma manera que sucede con la violación, se hace el intento de acusar a la víctima del comportamiento del atacante. Los golpeadores comúnmente echan la culpa de su comportamiento a frustraciones menores, al abuso de alcohol o drogas o a lo que su pareja pudo haber dicho o hecho. La violencia, sin embargo, es su propia elección. No conocen maneras no violentas de manejar su enojo.
Las reacciones de la mujer maltratada frente a la violencia son normales y necesarias para sobrevivir, dadas las circunstancias. Ella no está loca ni disfruta del maltrato. Generalmente lo que siente es miedo, impotencia, debilidad y vergüenza. Sigue ilusionada en que su pareja va a cambiar. El muestra remordimientos o promete que va a cambiar.
Los hombres que maltratan a sus mujeres están enfermos y no son responsables por sus acciones.
El maltrato es un comportamiento aprendido de las experiencias de la infancia y de los mensajes sociales justificando la violencia contra las mujeres. Los hombres que maltratan a sus mujeres o a sus hijos son, por lo general, sumamente seductores y agradables. También son excelentes vecinos y cumplidores en el trabajo. Si realmente estuvieran enfermos serían violentos no sólo dentro del hogar, sino también fuera de él. Pocos de ellos presentan alguna patología, sólo un 10% de los casos. Los golpeadores no están fuera de control y acusan a sus parejas de provocarla. Este mito permite justificar la violencia, evitando que la sociedad sancione el maltrato.
La violencia familiar es provocada por el alcohol y las drogas.
El alcohol y las drogas son factores de riesgo, ya que reducen los umbrales de inhibición, pero no producen la violencia. La combinación de modos violentos para la resolución de conflictos con adicciones o alcoholismo suele aumentar el grado de violencia y su frecuencia. Muchos golpeadores no abusan ni de las drogas ni del alcohol y muchos abusadores de drogas o alcohol no son violentos. Son dos problemas separados que deben ser tratados por separado.
Los violentos no cambian.
Los hombres que golpean pueden aprender a ser responsables de su propio comportamiento y pueden aprender modos no violentos de actuar o comunicarse. Obviamente, los cambios sólo se producirán si el violento toma conciencia de su problema y desea solucionarlo.
Una vez que se detienen los golpes, todo va a estar bien.
El abuso psíquico, emocional y sexual generalmente son anteriores a los golpes y continúan aún cuando éstos se hayan detenido. Estos comportamientos también deben cesar para poder comenzar el proceso de reparación. Las mujeres maltratadas sienten miedo, ansiedad, indefensión, ira y vergüenza. Se desarrolla una muy pobre autoestima debido a los constantes insultos y desvalorización de su pareja. Habitualmente es aislada por su pareja y ha perdido contacto con amigos y familia. Suele estar asustada de ser culpabilizada por ellos de la violencia. El soporte de amigos, familiares y la comunidad son necesarios para reconocer sus fuerzas y para creer que ella es una buena persona que merece una vida libre de violencia. La recuperación de la violencia es un proceso que puede llevar un tiempo muy largo.
La violencia emocional produce secuelas tan severas que muchas veces se diagnostican psicopatologías graves como consecuencia del maltrato.
La violencia doméstica sólo es un problema familiar.
Es un crimen contra la sociedad agravado por el vínculo, de la misma manera que lo es la violencia entre extraños,. Problemas sociales como el alcoholismo, las adicciones, la delincuencia juvenil, el suicidio y la fuga de hogar aumentan cuando hay violencia en el hogar. Las empresas pierden billones de dólares al año debido al ausentismo y la baja productividad resultante de la violencia intrafamiliar. Los costos médicos producidos por violencia intrafamiliar ascienden a millones de pesos. Las comunidades gastan millones de pesos al año en intervenciones a través de los programas de asistencia y prevención de la violencia.
PREVENCIÓN E INTERVENCIÓN EN LA DINÁMICA DE LA VIOLENCIA INTRAFAMILIAR.
La amenaza de ejercer violencia y su ejercicio al interior de la familia son conductas aprendidas y reforzadas por la violencia en los medios y en la sociedad y por la estructura tradicional de dominación en la familia. Con frecuencia aquellos que ejercen la violencia fueron víctimas u observadores de ella en sus familias de origen.
Desde un punto de vista sistémico las complejas conductas disfuncionales que hay trás la denominada "violencia intrafamiliar" son manifestaciones de desordenes o implicaciones sistémicas que tienen su origen en dos tipos de eventos en la historia familiar de los perpetradores y de las victimas:
* eventos acaecidos en la familia de origen de uno o de ambos miembros de la pareja que han quedado inconclusos. Ellos pueden haber tenido como protagonistas de injusticias, actos de violencia y/o culpabilidad no asumida, a personas de otras generaciones. Sus consecuencias se vienen repitiendo y seguirán repitiéndose a lo largo de muchas generaciones si los hechos acaecidos no son reconocidos y concluidos apropiadamente en el contexto del alma familiar.
* eventos que han afectado el equilibrio en la relación de pareja o actos graves en los que se ha implicado uno o ambos y no han asumido responsablemente sus consecuencias o sus culpas. En estos casos la violencia intrafamiliar es una manifestación de desordenes asociados a otras conductas disfuncionales, como por ejemplo el incesto, los celos, el alcoholismo, destinos familiares difíciles tales como la discapacidad de un hijo, la homosexualidad no asumida..
Un nuevo método psicoterapéutico, creado por el alemán Bert Hellinger, nos ha permitido observar estos eventos cargados de altos niveles de energía afectiva que han sido bloqueados y cómo se expresan a través de sentimientos o emociones sustitutas que resultan incomprensibles incluso para quién las manifiesta, y no se pueden resolver sin una mirada al sistema completo en que se ejercieron.
Así, por ejemplo, si el dolor por actos de violencia perpetrados contra uno por un ser querido no es reconocido y sentido, éste nos lleva paradójicamente a la ceguera ante las propias conductas violentas; por el mismo mecanismo, la negación de una culpa no reconocida de otros miembros del sistema familiar y que no ha sido compensada apropiadamente, se expresa a través de actuar un papel de victima o de victimario de un descendiente a pesar de que éste no tuvo ninguna responsabilidad en los hechos negados o silenciados.
En el enfoque ante la violencia se considera que las causas de esta conducta se hallan en el ámbito de la historia de los afectados y que su curación depende del reconocimiento de la necesidad de poner en orden algo en la psiquis o alma de la familia de origen y/o actual de uno o de ambos integrantes de la pareja.
También es preciso dar herramientas para el manejo de conflictos a quienes ejercen la violencia, proveer a las victimas de habilidades para confrontar en forma apropiada a quienes los hacen objeto de su violencia y fijar límites y aprender a mantener el delicado equilibrio entre dar y recibir de lo bueno y lo malo en el intercambio conyugal.
El trabajo con grupos en que participan miembros de familias, afectadas en diversos grados por el fenómeno de la violencia intrafamiliar, debe estar libre de juicios morales o éticos. Es necesario mirar a los individuos, incluidos a los perpetradores de la violencia, como a niños que obedecen los estándares válidos en su familia de origen. Si se desviaran de ellos, se sentirían culpables y no aceptados ya en su familia de origen. Es aún más difícil cuando esos estándares operan no sólo en la propia familia sino en otras del grupo de referencia de los concernidos. Entonces la presión por seguir esos estándares es aún mayor. Con este trasfondo se puede mirar a las familias de las victimas y los perpetradores de una manera más relajada y con el ánimo de comprenderlas. Así ambos pueden tener un lugar en el corazón del terapeuta y del grupo.
También es preciso estar consciente de que la gente está identificada con perpetradores, entre sus antecesores, que fueron condenados sin reconocer que estaban implicados sistemicamente. Aquí cabe realizar ejercicios en que los perpetradores ya fallecidos y sus victimas encuentran paz al unirse en un pesar común, lo que facilita la ocurrencia de cambios significativos en las familias.
Es posible observar algunos signos en determinadas etapas de nuestra relación de pareja.
En el noviazgo
Últimamente son frecuentes las noticias de mujeres heridas o golpeadas, inclusive muertas, por sus esposos. Las que han buscado ayuda han reconocido que desde la época de sus noviazgos aparecían detalles que al pasarlos por alto no les permitieron darse cuenta de lo que vendría después.
Cuando uno se enamora suele ver todo "color de rosa". La figura de la otra persona aparece ante nuestros ojos como perfecta. Si le vemos algún pequeño defecto, corremos inmediatamente a buscar una justificación o lo vemos como un asunto pasajero.
El excesivo control de nuestros actos
Si él, por ejemplo, llama constantemente al trabajo o a la casa para saber qué está haciendo ella, se toma como un signo de amor y de preocupación hacia la mujer amada. Si se enoja porque llegamos 10 minutos tarde a la cita, lo atribuimos a un exceso de responsabilidad y puntualidad.
Muchas veces no es hasta que se ha establecido el matrimonio que comenzamos a darnos cuenta quién es realmente la persona que tenemos al lado y nuestra primera sensación es la de habernos casado con un extraño al que hay que dar cuenta de todo, cumplir horarios severamente estrictos y que socava poco a poco nuestra capacidad de decidir y autoestima.
Algunas frases comunes a las que generalmente no prestamos atención son: ¿a dónde vas?, ¿con quién?, ¿por qué?, ¿vas con esa ropa tan provocativa?, ¿a qué hora regresas?, ¿lo saben tus padres? ¿esa amiga yo la conozco?, ¿dónde vive? Y otras que nos parecen puro interés amatorio pero que luego se convierten en motivos de gran ansiedad por si casualidad la hora que dijimos se va a extender o si hubo improvisaciones de último momento que luego él no va a comprender y les va a otorgar otros significados.
El afecto para ellos no es compartible
La primera etapa pudiera decirse que transcurre fundamentalmente en ese tipo de control posesivo. Es importante observar cómo reaccionan ante el amor que podemos sentir hacia otras personas. A ellos les molesta en demasía el cariño hacia familiares, amigos e hijos. Los celos de este tipo prácticamente aparecen en todos los hombres violentos. Es por eso que el nacimiento de los hijos desemboca muchas veces en episodios violentos. Ellos sienten que ya no tienen todo el cariño, que el bebé se lleva la mayor parte, que están desatendidos y por lo general, son incapaces de manejar adecuadamente la situación.
Desean todo nuestro tiempo, pensamientos y devociones para estar seguros de nuestro afecto. Por lo general son personas con baja autoestima que necesitan constantemente una reafirmación de nuestros sentimientos.
¿Conociste bien a su familia de origen?
Es muy importante conocer a la familia del futuro esposo y cómo transcurrió su infancia. Los hombres violentos en su mayoría proceden de hogares donde eran comunes las discusiones, insultos, desvalorizaciones, roturas de objetos, golpes, etc. No todas las personas que tuvieron un hogar así son violentas, pero existen muchas posibilidades de que repitan el modelo familiar cuando establezcan sus propias familias.
La violencia no siempre tiene que ver con los golpes. Las descalificaciones, desvalorizaciones e insultos son síntomas que indican la presencia del fenómeno. Frases comunes son: "Así no se hace eso", "Déjame a mí que tú no sabes", "Eres muy lenta", "Cállate, no seas tarada", "¿qué decís?, si de esto tú no sabes", etc.
El dinero, otro aspecto de la violencia
Otras formas de violencia tienen que ver con lo económico. En estos casos, el hombre mantiene el control del dinero, supervisa en qué cosa se gastó algo por mínimo que sea y la mujer tiene que pedir, a veces, hasta para compras muy pequeñas, como leche, bizcochos, etc.
Cualquier tipo de manifestación de violencia puede convertirse en otra. A medida que avanza la relación, de los insultos se puede pasar a romper objetos, de eso a los golpes y si no hay una detención del problema se puede llegar hasta la muerte.
LA VIOLENCIA DOMÉSTICA DESDE UN ENFOQUE DE GÉNERO
Si bien el tema de la violencia puede ser abordado desde diferentes aristas, incluso en la violencia ejercida hacia los hombres, en esta ocasión, nos centraremos en la Violencia doméstica desde un enfoque de Género, específicamente en la Violencia contra la Mujer.
Se hace menester señalar que antes hubo que visualizar la existencia de esta violencia, tan incorporada en lo cultural que se hacía difícil distinguirla en el entramado social.
“La violencia doméstica o intrafamiliar constituye un fenómeno de la vida social
presente contemporáneamente en todas las sociedades a escala mundial.
La violencia contra las mujeres es un aspecto de la violencia doméstica que
ha permanecido oculto durante siglos, y por ello, ausente como tema de
estudio en la formación universitaria” (Navarrete, C 2003)
Esto requirió de una ardua tarea y de una lucha que si bien ha alcanzado ciertos y determinados logros, aun no son suficientes para conseguir la cultura de paz que tanto ansiamos.
El paso fundamental de este proceso fue, precisamente, relacionar la violencia contra las mujeres con la posición de subordinación que como género tenemos en nuestras sociedades.
La violencia contra las mujeres implica relaciones desiguales de poder entre géneros dado por el desequilibrio del poder. Y en este sentido ha sido el movimiento de mujeres mundial, y particularmente, el movimiento feminista que en la segunda mitad del siglo XX ha considerado y puesto sobre el tapete que la violencia contra la mujer es una problemática que centra sus raíces en el desequilibrio de poder entre los géneros.
El siglo XX comienza con un movimiento de liberación de las mujeres, el feminismo. Éste comienza como un movimiento y podemos pensarlo como un legítimo avance de la humanidad. Los movimientos feministas han sido los que han impulsado en mayor medida la consideración de la Violencia de Género. Incluso en un punto tan importante y decisivo como son los Derechos humanos, no se hablaba de las mujeres, puesto que estaba masculinizado y en ese sentido hay que agradecer a los movimientos feministas el que se haya cambiado la mirada en ese aspecto.
Dicho esto, se hace necesario un breve recorrido histórico respecto a ese proceso de cambio de mirada:
* En 1960 se incluye el tema de la Violencia doméstica.
* En 1976 se crea el Tribunal Internacional de Delitos contra la Mujer en honor a Clara Zeltkin. Es un hito en la historia por la lucha para que se considere un problema social.
* En mayo de 1979 es promulgada por la ONU la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación de la mujer, y sin embargo, ésta ha sido la convención que menos países firmaron y una gran mayoría de países se retiraron del salón cuando hubo que someterla a votación. Cuba fue el primero que firmó.
El ser humano mujer, como sujeto de derecho, no fue considerado.
* A partir de 1980, en la segunda mitad, se propusieron otros cambios, la atención se dirige a diferentes formas de violencia, pero la legislación no es la que resuelve los problemas, es una condición necesaria pero no suficiente.
* En 1986 el Parlamento europeo propugnó una resolución sobre las agresiones a las mujeres.
* En 1992 se crea un comité para la eliminación de todas las formas de discriminación hacia la mujer para apoyar la Convención.
* En 1993, en Viena, sesiona el 2do Congreso mundial por los Derechos Humanos, se reconoce aquí y se subraya la Violencia contra la Mujer en la esfera privada como violación de los Derechos Humanos. Anteriormente se pensaba esta situación con la manida expresión: “entre marido y mujer nadie se mete”. Se declara entonces, que los derechos de las mujeres son parte inseparable, integral e inalienable de los Derechos Humanos universales.
* En diciembre de ese mismo año, la Asamblea General de la ONU considera la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, como el 1er instrumento internacional de Derechos Humanos que formalmente aborda la Violencia de Género. Y define la Violencia de Género como: todo acto de violencia basado en el Género que produce daños físicos, sexuales, sociales, psicológicos, emocionales, en la vida pública o privada. (el acoso sexual, ejemplo de violencia de género en vida pública).
* En septiembre de 1995 se produce la 4ta. Conferencia mundial sobre la mujer, en la cual se firma la Declaración de Beijing. Se considera que la eliminación de la violencia contra la mujer es esencial para alcanzar la igualdad, el desarrollo y la paz.
* En 1998 la OMS adopta la definición de la Violencia contra la Mujer de Naciones Unidas como referencia para todas sus actividades posteriores.
Ahora bien, más arriba se señalaba que el aspecto jurídico es una condición necesaria pero no suficiente para trabajar y atender la temática de la violencia, y precisamente cuando se alude a la violencia doméstica es preciso distinguir dos aspectos, a saber:
* violencia en la pareja
* socialización (valores recibidos durante la infancia o adolescencia del sujeto)
En este sentido, todos conocemos el rol fundamental de la familia y su influencia en la socialización del ser humano. Su carácter de primer eslabón en la enseñanza y aprendizaje en el aspecto emocional, cognoscitivo y conductual. Sin embargo, es en la familia donde se encuentran los más altos niveles de interacciones violentas (Strauss,1980; Steinnetz,1977, en La realidad de la violencia en las relaciones de pareja, Ortiz Rivera Ma.M)
De acuerdo a lo señalado por Silva (1985) (en La realidad de la violencia en las relaciones de pareja, Ortiz Rivera Ma.M) la violencia contra la mujer está sostenida en el ámbito familiar por dos piedras angulares:
1. El lugar social de las mujeres como propiedad de los hombres.
2. La noción difundida socialmente de que el hogar es un lugar privado en cuyos procesos no deben intervenir los extraños.
Se hace evidente que la génesis de este problema está en la desigualdad de poder entre las mujeres y los hombres en la sociedad y en la familia (Valle y Albite, 1994 en La realidad de la violencia en las relaciones de pareja, Ortiz Rivera Ma.M).
Al inicio de este trabajo decíamos que abordaríamos la violencia doméstica desde un enfoque de género, podemos hablar entonces de la violencia basada en el género y reforzar que este es un problema de salud pública y de derechos humanos.
La violencia basada en el género o “violencia contra las mujeres” implica variados tipos de comportamientos físicos, emocionales y sexuales nocivos para las mujeres y las niñas, los cuales son llevados a cabo con más frecuencia por miembros de la familia, pero también, por personas ajenas a ésta.
La Declaración de las Naciones Unidas sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer incluye la siguiente definición, hoy ampliamente aceptada, de este tipo de violencia:
…todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener un como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la vida privada.
En esta definición se pone de manifiesto, lo que decíamos anteriormente respecto de que la violencia contra la mujer se da en el contexto de la desigualdad relacionada con el género y esto se entiende como situaciones que atentan contra la mujer dada su condición , es decir, dada su posición social SUBORDINADA con respecto a los hombres.
Exponer esta definición nos conduce a retomar el debate en cuanto a los conceptos de violencia intrafamiliar, violencia basada en el género, violencia contra la mujer, etc.
En Latinoamérica, la mayoría de las leyes y políticas emplean el término “violencia intrafamiliar” cuando se refieren esencialmente a la violencia contra la mujer ejercida por su pareja. La OPS utilizó este término durante las primeras etapas de su labor en esta esfera, pero luego adoptó el concepto de “violencia basada en el género” o “violencia contra las mujeres” para aludir a la amplia gama de acciones que asiduamente sufren mujeres y niñas, tanto por integrantes de su familia como por extraños.
Otra definición refiere lo siguiente:
“La violencia de género incluye maltrato, abuso y hostigamiento sexual en el entorno doméstico y público. El avance conceptual que representa identificar la violencia hacia la mujer como de género, es que se asume que las relaciones asimétricas de poder que existen en la sociedad entre hombres y mujeres representan uno de los factores más relevantes para entender la gravedad y dimensión de la violencia hacia la mujer. La característica de este tipo de violencia es que, a diferencia de los otros hechos delictivos violentos, el factor de riesgo o vulnerabilidad lo constituye el hecho de ser mujer” (Irma Saucedo, 1997 en Mujer indígena y violencia: Entre esencialismos y racismos, Mejías Flores S.)
La definición de Violencia doméstica que propone Gioconda Batres dice que es: "el abuso que acontece entre miembros de la misma familia o entre personas que tienen relaciones cercanas o íntimas actuales. Pueden incluir los abusos a su vez, violencia física, sexual, psicológica y comportamientos cuya finalidad sea controlar o ejercer coerción”. (Navarrete, C 1999 en Caracterización criminológica y victimológica de mujeres comisoras de lesiones de ciudad de La Habana, 2003)
Los autores Heise Ellsberg y Gotternoeller (1999) (en La realidad de la violencia en las relaciones de pareja, Ortiz Rivera Ma.M) refieren que como resultado de 50 estudios realizados en todo el mundo, entre el 10% y el 50% de las mujeres han sufrido en algún momento de sus vidas algún acto de violencia física realizada por su pareja.
Este informe y otro llevado a cabo por el Banco Mundial (1994) nos revelan algunas de las características que suelen acompañar a la violencia en las relaciones de pareja.
A saber:
* La gran mayoría de los autores de la violencia son hombres, las mujeres corren el mayor riesgo con hombres que ya conocen.
* La violencia física casi siempre va acompañada de maltrato psicológico y, en muchos casos, de abuso sexual.
* La mayoría de las mujeres que sufren alguna agresión física de su pareja por lo general serán víctimas de múltiples actos de violencia con el paso del tiempo.
* La violencia contra las mujeres traspasa los límites de la clase socioeconómica, la religión y el origen étnico.
En nuestro país, según refiere Díaz Tenorio, M (en ¿Violencia invisible? Francis D, Perez,D, 2004) “pasamos mucho tiempo relegando la existencia de la violencia intrafamiliar, haciéndola invisible a nuestros propios ojos, asumiéndola como algo que afectaba más a otras sociedades y no tanto a la nuestra, tal vez porque estamos acostumbrados a disfrutar de garantías sociales, y eso limitó en alguna medida visualizar el fenómeno”.
Las características culturales y la educación forman parte indiscutible en todo este entramado social y psicológico. Nuestra secular historia machista no es ajena a esta problemática.
“Vivimos en una sociedad en gran medida patriarcal que le asigna diversos roles a la mujer y al hombre” dice Alberta Durán (en ¿Violencia invisible? Francis D, Perez,D, 2004).
El PODER es una constante invariable que no ceja en su lucha de ocupar el puesto cimero. Al respecto, Alberta Durán reflexiona: “También están las diferencias de poder. Detrás de toda la violencia está el poder real o atribuido (simbólico) de determinado miembro: del dueño de la casa, del que trae el dinero, del que tiene la potestad sobre los menores. Es el círculo de los más fuertes sobre los más débiles. En ese sentido, los niños son siempre los más desprotegidos y con menor poder”.
En nuestra sociedad, el desarrollo de la mujer ha sido de gran notoriedad, su participación en las distintas esferas, su inclusión en diferentes puestos laborales, profesionales, etc. hicieron que el tópico de la violencia se pensara eliminado, desterrado, pero la realidad nos mostró una cara “desconocida” hasta entonces.
“El hecho de que la mujer cubana ha tenido un papel grande en los aspectos jurídicos y laborales, influye en la invisibilidad del fenómeno. Porque mientras hacia lo externo se ve el desarrollo de la mujer, en lo interno, dentro de la casa, no ha sido así. En el ámbito doméstico el desarrollo de las féminas está muy por debajo del que ha tenido con respecto a la vida social, y tal vez se ha considerado, erróneamente, que el maltrato a ella era un problema ya superado”.
(Ernesto Chávez y Yohanka Valdés, en ¿Violencia invisible? Francis D, Perez,D, 2004).
Esta situación, ha dado lugar a la creación de mitos, que lamentablemente, aun tienen un gran arraigo para un importante sector de la población. Algunos de ellos son:
* Las relaciones entre hombre y mujer son violentas por naturaleza.
* La familia es un lugar inseguro para vivir.
* La sociedad se divide en: violentos y violentadas.
* Las clases sociales bajas y desfavorecidas económicamente y las poblaciones marginales es donde se percibe en mayor medida la violencia doméstica.
* Las mujeres no se separan porque no quieren dejar a su maltratador. Son masoquistas.
* El embarazo detendrá la violencia.
* Niños y niñas no se dan cuenta de que su madre es golpeada.
De lo expuesto se desprende la importancia de la educación, pero no sólo en el ámbito académico sino también familiar, otro tópico de suma importancia es la prevención, la información.
La violencia no es un tema a tratar sólo desde una arista multidisciplinaria sino también intersectorial, puesto que nos concierne a todos, hombres, mujeres, niños, profesionales, obreros, técnicos, etc., en tal sentido dice Alberta Durán (en ¿Violencia invisible? Francis D, Perez,D, 2004):
“…pero lo más importante es la prevención: educar a la familia. La violencia familiar no es un problema de puertas adentro, no es privado, no puede serlo, mucho menos en nuestra sociedad. Tiene que ser de interés social, de las personas, de los grupos. Ninguna sociedad como la nuestra tiene tantas instituciones, tantos recursos para enfrentar y ejercer una acción profiláctica en este sentido. Y combatir la violencia intrafamiliar implica, en primer orden, prevenir y educar a la familia”.
No cabe duda que la violencia es un problema en extremo complejo y que obedece a múltiples causas, ya sea de índole social, económica, jurídica, psicológica, cultural, biológica, y por consiguiente debe ser tratado, atendido, investigado con todo el rigor que amerita.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) considera que el desarrollo debe ser atendido desde una perspectiva de género y cimentado en el ser humano. Desde este punto de vista, la violencia irrumpe como uno de sus mayores obstáculos, dando lugar a efectos negativos en la productividad de una sociedad y en la calidad de su desarrollo.
Por ello, el PNUD considera que “es necesario educar al público sobre los altos costos sociales que implica la violencia contra las mujeres, y sobre la necesidad de fortalecer su desarrollo, visualizarla como parte integral de la vida, del desarrollo de la sociedad, como parte fundamental en el proceso de la vida democrática de un país y en general, como actor central de la cultura de la no violencia y del respeto a los derechos humanos”. (Centro de Información de la Naciones Unidas para México, Cuba y la Rep. Dominicana, 1998)
Hombres también sufren violencia
Casi 30 por ciento la ha padecido
Getty Images
Según un estudio, los hombres también son víctimas de violencia doméstica.
EFE
¿Feminismo?
Vergüenza en casa
WASHINGTON.- La violencia doméstica se considera, habitualmente, como algo que le ocurre solo a las mujeres, pero casi el 30 por ciento de los hombres dice que ha sido víctima de ella, según una encuesta que publicó la revista American Journal of Preventive Medicine.
¿Feminismo?
"La violencia doméstica que sufren los hombres está poco estudiada y a menudo está oculta, casi tanto como se ocultaba la violencia contra las mujeres hace una década", dijo el autor principal del estudio Robert Reid, del Centro para Estudios de la Salud Group Health en Seattle (Washington).
Los investigadores encuestaron por teléfono a más de 400 hombres adultos que eran pacientes en Group Health y encontraron que casi el 30 por ciento había sido víctima de la violencia doméstica en algún momento de sus vidas.
La extensión de la violencia doméstica contra los hombres no es un fenómeno exclusivo de EU: la Encuesta de Crímenes del Reino Unido en el período 2001-2002 encontró que casi el 20 por ciento de los incidentes fue denunciado por víctimas masculinas, y que en la mitad de estos casos el abuso provenía de una mujer.
Para el estudio del Group Health, los investigadores incluyeron en la violencia doméstica las bofetadas, los golpes, puntapiés y el abuso no físico como las amenazas, las frases continuamente despectivas o insultantes, o la conducta controladora.
El artículo señaló que estudios anteriores dan sustento a la nueva investigación y encontraron que los hombres, a menudo, pueden ser renuentes a usar la fuerza física para defenderse, y es poco probable que denuncien el abuso.
La encuesta dirigida por Reid determinó que los hombres más jóvenes son dos veces más proclives a denunciar un abuso reciente que los hombres mayores de 55 años de edad.
"Puede que esto se deba a que los hombres de más edad son más renuentes a hablar del asunto", señaló Reid.
Vergüenza en casa
¿Feminismo?
Vergüenza en casa
Entre los resultados de la encuesta está que el 5 por ciento de los hombres indicó una experiencia de violencia doméstica en el último año y casi el 30 por ciento dijo que les había ocurrido en algún momento de sus vidas.
Los investigadores determinaron que la violencia doméstica tiene consecuencias graves y de largo plazo sobre la salud mental de los hombres.
"Es probable que en la violencia doméstica las mujeres sufran más abuso físico que los hombres", apuntó Reid. "Pero el abuso no físico también puede hacer un daño duradero".
Los síntomas de depresión fueron casi tres veces más comunes en los hombres mayores que habían experimentado abuso que entre quienes no lo sufrieron, y la depresión era aún más grave entre los hombres que habían experimentado abuso físico.
Uno de los mitos comunes acerca del abuso que sufren los hombres es que la persona afectada tiene libertad para irse de la relación abusiva.
"Sabemos que muchas mujeres encuentran difícil el salirse de una relación abusiva especialmente si tienen hijos y no trabajan afuera de la casa", dijo Reid.
"Lo que nos sorprendió fue encontrar que la mayoría de los hombres en situaciones de abuso también se quedan en la pareja a pesar de múltiples episodios durante muchos años", añadió.
Otro mito, agregó, es que si se ignora el abuso éste desaparecerá, pero la encuesta encontró que los "médicos pocas veces le preguntan a sus pacientes masculinos sobre el abuso, y los pacientes casi nunca hablan de ello. Muchos hombres abusados están avergonzados porque la sociedad espera que ellos sean recios y estén al mando".
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